Dormir es algo que el bebé debe aprender poco a poco desde que nace. Lo ideal es que los elementos que use para hacerlo no precisen nuestra intervención. En este sentido, el ritual previo al sueño ha de ser placentero y predecible.
Esta rutina debería empezar desde el nacimiento y resulta de máxima importancia al llegar al año de edad. Debes tern en cuenta que el sueño implica un cambio de actividad del cerebro que se ve favorecido por un ambiente relajante.
Entonces, conviene acostar y levantar al pequeño todos los días aproximadamente a la misma hora y evitar las siestas tardías o de más de dos horas. Un detalle importante es que la temperatura de su habitación ha de ser confortable. El exceso de calor o de frío propicia el despertar nocturno.
Tambien debe tener en cuenta que el ruido ambiental debería ser mínimo durante la noche, mientras que por el día, sin embargo conviene que el bebé se acostumbre a hacer sus siestas con el jaleo habitual del hogar. Otro aspecto importante es que el bebé debe aprender a conciliar el sueño sin ayuda de sus padres. Si estamos a su lado hasta que se duerma, reclamará nuestra presencia cada vez que se despierte de noche.
Igualmente, los juegos movidos y las actividades que impliquen una actividad física vigorosa que puedan ponerle nervioso deben evitarse en las dos horas previas al sueño. Por la misma razón, hay que abstenerse de ofrecerle bebidas estimulantes, como el chocolate o las colas.
Y no perdamos los nervios si el niño nos desvela. Necesita que le tranquilicemos. Puede que tenga pesadillas, y si nos enfadamos, solo logramos que se agite más.




