Aunque aùn falta tiempo para que mi bebè comienze a sospechar que “existen” seres extraños escondidos bajo su cama ò monstruos que se hacinan en el armario esperando a que mamà apage la luz para asustarla,aùn puedo recordar mis temores tìpicos de infancia:un universo escondido en cada recoveco del dormitorio que tomaba vida propia en el momento en que mis santos padres apagaban la luz dando paso a sonidos no provenientes del gènero humano.
Quizàs de haber tenido una alfombra que me mostrara que los ùnicos bichos existentes eran unos buenotes y simpàticos seres de brazos largìsimos y ojos grandes no hubiera sufrido de pànico ni temores nocturnos y mis creadores hubieran dormido como benditos.




