Aunque inquietante, dar mordiscos es un comportamiento normal entre niños de año y medio a dos años. Como es inquietante y potencialmente peligroso, es importante que los padres corrijan el problema cuando ocurra.
Intervenga inmediatamente entre el niño que ha mordido y el que ha recibido el mordisco. Mantenga la calma; no reaccione excesivamente, grite o dé una larga explicación. Solo hágale ver con un ton elevado de voz, por ejemplo, que lo que hizo no esta nada bien.
Mire al niño a los ojos y dígale con calma pero firmemente “No me gusta cuando muerdes a otras personas.” Si el niño tiene un lenguaje limitado, simplemente dígale “No se muerde.” Explíquele cómo el comportamiento del que muerde afecta a la otra persona. “Le has hecho daño y está llorando.” Anime al niño que ha recibido el mordisco a que le diga al que ha dado el mordisco “Me has hecho daño.”
¿Cómo evitar los mordiscos?
Cuando a usted le guste el comportamiento del niño, dígaselo, sobre todo cuando el niño muestre empatía o comportamiento sociable como cuando acaricia a otro niño que llora, cuando ofrece jugar con un juguete por turnos o cuando abraza suavemente. No juzgue, humille o aisle al niño que muerde.
Tampoco permita juegos que incluyen mordiscos “de mentira” o que parecen un poco bruscos y fuera de control. Ayude al niño a conectar con los otros niños.




