El estreñimiento infantil es un trastorno muy molesto que se puede prevenir mediante la alimentación.
Podremos decir que el bebé o el niño sufre estreñimiento si evacua menos de tres veces por semana, si le cuesta hacerlo o, si le resulta doloroso, y si sus heces son casi siempre de consistencia dura y esféricas.

Una vez cumplidos los dos años, cuando el bebé está en edad de sustituir el pañal por el orinal, es muy frecuente que aparezca el estreñimiento. El niño puede contenerse si ve este cambio como una imposición o puede empezar a retener el estímulo de ir al baño si, por ejemplo, está jugando. Es decir, que aunque tenga ganas puede negarse a evacuar.
El problema es que las heces retenidas se secan y endurecen, por lo que cuesta expulsarlas. De hecho, hay estudios confirman que es un trastorno en el que tiene bastante influencia la genética, es decir, los niños con intestino perezoso suelen ser hijos de padres con el mismo trastorno.

En general, el estreñimiento no suele tener consecuencias graves, no se ha demostrado que produzca inapetencia y mucho menos que altere la función del hígado. Sin embargo, si puede producir una incómoda y molesta hinchazón del abdomen y la consiguiente irritabilidad del bebé.
Además, puede ser que el niño retrase continuamente la evacuación al ser desagradable por la dureza de las heces, empeorando cada vez más la situación. Si esto ocurre, lo mejor es consultar con el pediatra que, seguramente, prescribirá un enema de solución fisiológica o un supositorio de glicerina.
Una vez solucionado el problema, si el niño tiene tendencia al estreñimiento, habrá que prevenir.



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